Flamenco en Sevilla para no turistas (no turístico)

Flamenco para no turistas

¿Por que decimos para no turistas? La historia de Andalucía es la historia de la mezcla de muchas culturas: árabe, judía, gitanos,…que nos hace únicos en el mundo. Tanto en patrimonio inmobiliario como cultural. Define y explica una forma de ser, y define y explica la variedad de palos, cante, y bailes andaluces. En Sevilla, y en el resto de provincias andaluzas.

En la historia más reciente, el flamenco, que siempre nació del pueblo, fue potenciado políticamente, para explotar su belleza y fuerza fuera de nuestras fronteras. Y también como atractivo turístico dentro de nuestra ciudad. Llegando incluso a usarse como reclamo no sólo a nivel andaluz, sino a nivel estatal. Con el fin de asociar el nombre de España al nombre del flamenco, se creó una imaginería y merchandising “muy española” pero “muy poco flamenca”.

Como defendía, veía y vivió Salvador Távora, el flamenco viene del dolor y la reivindicación de un pueblo. Es un sentimiento trágico, alejado de esa España “de pandereta” que tanto se potenció y que eliminó el compromiso social de dicho arte.

Sin embargo, a la vez y en paralelo, se seguía desarrollando y cultivando en los barrios obreros y/o marginales por el propio pueblo de una manera más trágica y feroz, que desafiaba a la injusticia social y pobreza. En este contexto social y político, llegó el Quejío de Salvador Távora. Una obra que representa perfectamente dicho sentimiento y cultura andaluza, y que eliminó de cuajo esa distorsión de la realidad andaluza. Una obra que recorrió el mundo, y que demostró que nuestra cultura, desde el sentimiento y compromiso, es tan universal o más, como la potenciada. Y supuso a Salvador Távora el inicio de su leyenda.

Actualmente, después de 45 años de su estreno, dicha obra es representada en nuestro Teatro, demostrando que el arte, cuando se realiza desde las entrañas, es atemporal.